Traducción

lunes, 2 de noviembre de 2009

Volver a Casa

Después del emotivo encuentro de Mary y Remedios, compartimos un café en la confiteria del aeropuerto y conversamos del viaje, de Buenos Aires, de nuestras familias y de nuestras expectativas. La charla estaba muy amena pero Pepe sugirió que sería mejor llegar a Labrada con luz de día. Nos despedimos de Javier y de Antonio, con los cuales ya habíamos acordados varias cosas con respecto a la charla que debía dar Mary y sobre como rescatar nuestro equipaje. Y partimos los 4 hacia la aldea, José, Remedios, Mary y yo.
El  camino recorrido me pareció hermoso, nunca me imaginé que Galicia tuviera ese paisaje, con sus elevaciones y con su verde, me hizo acordar mucho a nuestro sur. Transitamos los 50 km que separaban el aeropuerto de A Coruña con Curtis y luego de salir de la autovía entramos en una suerte de laberinto formado por varias "pistas".
Una sucesión de pequeños caseríos se iban mostrando a medida que recorríamos la campiña,. Las casas,  totalmente construidas de piedras apiladas, nos daban la sensación de que volvíamos al pasado y el verde y cuidado césped que las rodeaba contrastaba con el ocre otoñal de las hojas de los árboles, que en una gran variedad de especies completaban el paisaje. Pinos, abetos, eucaliptos, frutales y el infaltable y añoso castaño nos daban la bienvenida a un lugar , que alguna vez Mary recorrió de la mano de su madre, de sus tíos, de sus abuelos.
Pasamos Paradela, último caserío separado 2 Km de Labrada, hicimos un alto y conocimos la Iglesia donde Mary fue bautizada, del otro lado de la calle el estanco de Carmen (almacén de ramos generales), lugar mas cercano para hacer compras. Paradela es la aldea de mayor importancia en la zona y tiene 58 habitantes.
Continuamos por el intrincado acceso a Labrada y nos detuvimos frente a un portón de hierro, Remedios descendió del coche, lo abrió y entramos a un amplio terreno. Nada difería de las otras propiedades, pero en esta había algo especial.
Mary había llegado a casa.
Descendimos del auto y caminamos por el  mojado césped, un aire fresco y húmedo  nos acariciaba la cara y un extraño perfume invadía el ambiente, mas tarde Pepe me diría que es el aroma  a la aldea y que es lo que mas extraña de Labrada.
Recorrimos con la mirada todo alrededor, la casa de piedra, al galpón donde se almacena la leña, el horreo, no queríamos perder ningún detalle.

La mirada de Mary era increíble, sobre la humedad que cubrían sus ojos se espeja el recuerdo de lo vivido, una infinidad de sucesos se proyectaban en sus pupilas. Y por un instante  dejó de ser mujer y  la imagine transformada otra vez en una niña correteando por el pasto húmedo, yendo y viniendo, con sus pasos cortos e inestables, quizás como lo había hecho muchas veces, escapando entre risas, de la atenta y amorosa mirada de su mamá.
Mary estaba en su casa.
Es verdad que ya no poseía el valor intrínseco de las piedras, de la tierra, de los árboles, pero ese era ya su lugar, su propiedad. Y lo había hecho para siempre suyo.

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