Traducción

lunes, 12 de octubre de 2009

Estamos en España

Bajamos del avión lo mas rápido posible, teníamos muy poco tiempo para llegar a hacer la combinación con el otro vuelo que nos llevaría hasta A Coruña., nuestro destino, donde nos esperaban José, el primo de Mary y la tia Remedios.
Seguimos al resto del pasaje hasta la salida de la manga, y ahí observé el primer cartel indicador con varios aviso indicando el camino a distintas puertas y el tiempo de demora para llegar hasta ella, me llamo la atención que la información sea en tiempo, luego descubriría que en España miden las distancia a recorren en tiempo y no, por ejemplo en cuadras. Busque entre la lista la indicación de la puerta K62, que era por la cual debíamos embarcarnos rumbo a nuestro destino final, y me sorprendí al ver que  el cartel indicaba un tiempo de 39 minutos hasta llegar a esa puerta. ¿39 minutos?. Calcule que es le tiempo de ir por autopista hasta Ezeiza.
La terminal 4 (T4) es inmensa, pasamos por migraciones y una serie de controles y , al salir veo el segundo cartel que indicaba una demora de 20 minutos hasta la puerta que debíamos llegar, empezamos  una carrera alocada para encontrar la puerta K62; subimos por escaleras mecánicas, ascensores, bajamos por escalera mecánicas, otra vez ascensores, cintas transportadoras, y un tren subterráneo en el cual viajamos 6 minutos y que era totalmente controlado por computadoras. Otra vez escaleras, ascensores, todo es inmenso y además  debíamos soportar una avalancha de personas que pugnaban por llegar  también a sus lugares de embarque. Con el afán de llegar me adelantaba a Mary y debía esperarla, ella con sus pasos cortos  hacia un esfuerzo increíble por mantenerse cerca mio. Por fin el ultimo pasillo, indicando puertas K31, K32, K33 y asi sucesivamente, y un odioso cartel que indicaba que el tiempo se había agotado,¡nosotros estábamos agotados!. Y por fin la puerta K62, casi sin aliento, entrego los papeles a las señoritas que con impaciencia nos esperaban, faltaban 4 pasajeros para cerrar el pasaje, nosotros y dos argentinos mas que venían en el mismo vuelo desde Bs.As. y que estaban mas rezagados.
Nos ubicamos en el pequeño avión y empezamos a recorrer los últimos 500 Km que nos separaban del lugar donde Mary, hacia poco mas de 40 años había partido de la mano de su mamá, completando, en ese entonces, una odisea de 19 días en barco hasta "La América".
Volábamos a baja altura, y gracias a ello se apreciaba nítidamente el paisaje, se veían elevaciones todas nevadas, algunos lagos, largas autopistas, muchos molinos para la generación eólica de energía eléctrica.

Ya casi llegando se veían las famosas rías gallegas, y lo que mas me sorprendió fue que al virar el avión para encarar la pista de aterrisaje descubrí, en una punta que sobresalia  al mar, la famosa Torre de Hércules.
La mire a Mary y le dije "Esta es tu tierra, el lugar donde naciste", se le llenaron los ojos de lágrimas, el corazón palpitaba a mil, era una sensación muy fuerte, yo que no tenia nada que ver  me sentía totalmente conmovido, así que ni se imaginan como estaba ella, mil recuerdos volvían a su mente.
Descendimos del avión, nos sentíamos como si flotáramos. Estábamos en Galicia, el sueño ya era realidad.
Entramos en una sala donde una cinta que giraba constantemente mostraba, como si fueran premios de una kermesse, un muestrario increíbles de valijas, bolsos y paquetes, donde cada una de los que esperaban retiraba el suyo. Uno a uno se fueron yendo los pasajeros con su  equipaje en la mano, menos nosotros que seguíamos viendo girar la cinta vacía, hasta que una persona se asoma y con acento gallego y un gesto de su mano nos anuncia "No hay mas equipaje para entregar". ¿Y los nuestros?.
Nuestro equipaje no estaba, no lo habían cargado en Madrid, la verdad que me quede tranquilo, pero no sabia que hacer. Me indicaron que reclamara en una ventanilla que estaba cerca nuestro, me dirigí hasta ahí y la empleada con mucha gentileza comenzó a gestionar el reclamo, me asombraba hablar con una persona con tanto acento español, fui dando un montón de datos para poder recuperar nuestras cosas, pero al preguntarme  donde nos podían localizar para entregarnos las valijas, en caso que aparecieran, y no saber que responder, busco a Mary con la mirada  para consultarlo y la encuentro en le medio de la sala  abrazada a un hombre.

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