Amaneció.
Un sol increíble invadía el interior del avión a través de la diminuta ventanilla, la pureza del aire exterior hacia que se mostrara en toda su magnitud. Debí bajar la persiana para que su resplandor no molestara a los pasajeros que aún dormían. Por debajo se extendía un mullido colchón de nubes, que invitaban a salir y saltar sobre ellas. ¡Cuantas veces lo habré imaginado de niño y ahora lo tenia al alcance de mi mano!.
Desayunamos y otra vez a escuchar música, leer y charlar sobre lo que esperábamos de este viaje, hasta que se dejo oír la voz del comandante que nos avisaba que ya estábamos sobrevolando territorio español y que comenzaban las maniobras de aproximación, la emoción que nos embargo es indescriptible, trate de observar por la ventanilla, queriendo dentro de mi ingenuidad, reconocer lugares de acuerdo a lo que había vista una y cien veces a través de la magia del Google Earth, pero la espesa capa de nubes solo dejaba descubrir su inmaculado color blanco.
Una vez mas, se encendió el monitor para dejar ver lo que transmitía la cámara externa del avión y junto a eso se dejo oír el aviso de "Abrocharse los Cinturones", gran indicio de que ya estábamos por aterrizar.
Cuando todos estábamos con nuestros cinturones puesto, desde el sector Business apareció un personaje que hizo estallar al sector Turista en un espontáneo aplauso. Era Diego Armando Maradona, que con cara del mas feo de los culos, no atino ni a saludar a la gente que lo vivaba. Cuando salio del baño, lo que en un momento fue un cerrado aplauso se transformó en un vibrante abucheo. ¡Alla él, se perdió mi admiración.!
Al observar simultáneamente por el monitor y por la ventanilla, descubro que el avión se había sumergido dentro de la espesa capa de nubes, que increíblemente había dejado de ser inmaculadamente blanca para convertirse en un melancólico gris, la sensación de no ver nada alrededor era impactante, atemorizante, mi mente se abstrajo por un instante y tuve la certeza de descubrir "la nada", el silencio reinante dentro del avión se podía palpar, (Dios bendiga a los ingenieros electrónicos por haber inventado instrumentos para poder viajar a ciegas).
Atravesamos la capa de nubes y se dejo descubrir ante nosotros un paisaje increible.
Un inmenso damero irregular y multicolor conformado por los campos sembrados es lo primero que reconocí, se veían rios, elevaciones y valles, y a medida que el avión descendía se iban definiendo las demás formas, fueron apareciendo edificios, autopistas, rutas, calles y vehículos que las transitaban.
Y en la pantalla del monitor se delineaba una infinita cinta negra, delimitada por un sin fin de rayas blancas y adornadas por tenues luces parpadeantes. La cinta fue creciendo rápidamente en un oscilante movimiento provocado por el vaivén del avión hasta sentir que nos posábamos sobre ella, un golpe, otra vez el ensordecedor ruido de las turbinas, la sensación de frenaje y un espontáneo aplauso nos anuncio que habíamos llegado.
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